Jeremías 17:9-10

La radiografía del corazón (Jeremías 17:9-10)

“Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón…”Jeremías 17:9-10 (a)

En la medicina moderna, uno de los avances más extraordinarios es la capacidad de ver lo invisible. Si un paciente llega al hospital con un dolor interno persistente, el médico no adivina; ordena una radiografía, una tomografía o una resonancia magnética. Estos aparatos exponen lo que está oculto debajo de la piel y permiten atacar la raíz de la enfermedad.

En la vida espiritual ocurre algo muy similar. Como vimos anteriormente (ver entrada), los ídolos de nuestra época ya no habitan en altares públicos hechos de madera o metal; se han mudado a las recámaras ocultas de nuestro propio corazón.

El gran problema con estos ídolos modernos es que, con frecuencia, son cosas buenas que hemos convertido en cosas supremas. El trabajo, la familia, el deseo de superación o la estabilidad financiera son bendiciones legítimas; sin embargo, se transforman en deidades falsas en el momento exacto en que usurpan el lugar que solo le corresponde a Dios.

¿Cómo podemos detectar a estos intrusos espirituales si nuestro propio corazón es experto en camuflarlos? Necesitamos una radiografía bíblica. Necesitamos hacerle a nuestra alma preguntas incómodas pero profundamente sanadoras.

Cuatro preguntas para un diagnóstico espiritual

Te invito a pasar tu vida por el escáner de las Escrituras a través de estas cuatro interrogantes prácticas:

1. ¿A qué recurres de forma automática cuando estás estresado, triste o aburrido?

El salmista nos recuerda constantemente que Dios es nuestro verdadero «pronto auxilio en las tribulaciones» (Salmos 46:1). Pero, en la práctica, ¿es ahí donde corremos primero? Cuando tienes un día difícil, cuando experimentas el trago amargo de una frustración o el vacío del aburrimiento:

  • ¿Hacia dónde se dirigen tus pies o pensamientos de manera automática?
  • ¿Buscas el refugio de la oración y la consolación de las Escrituras, o buscas anestesiarte con las compras, las redes sociales, la comida o el entretenimiento desmedido?

Aquello en lo que buscas consuelo funcional es, en realidad, tu dios en los momentos de crisis.

2. ¿Qué es aquello que, si lo perdieras, sentiría que tu vida ya no tiene valor?

En el libro de Génesis, vemos a Dios probando el corazón de Abraham al pedirle a su hijo Isaac. Dios no deseaba la muerte del joven, sino demostrar que el patriarca amaba más al Dador que al regalo.

Examina tus mayores tesoros terrenales: tu salud, tu estatus, tu cónyuge, tus hijos o tus ahorros. Si el Dios soberano decidiera retirar alguno de ellos de tu vida hoy, ¿reaccionarías con un dolor maduro, pero con una fe inquebrantable como Job (Job 1:21), o caerías en una desesperación y amargura tales que cuestionarías tu deseo de seguir viviendo?

Si tu estabilidad depende por completo de un recurso terrenal, ese recurso ha tomado el trono.

3. ¿Por qué cosas estás dispuesto a pecar para conseguirlas o para evitar perderlas?

El apóstol Santiago nos enseña con crudeza que los conflictos humanos nacen de las pasiones que batallan en nuestro interior (Santiago 4:1-2). Un deseo legítimo se corrompe cuando estamos dispuestos a violar los principios de Dios con tal de alcanzarlo.

  • ¿Estás dispuesto a mentir o alterar informes con tal de mantener un estatus financiero?
  • ¿Te permites guardar resentimiento y envidia cuando otra persona prospera más que tú?

Si estás dispuesto a pisotear la obediencia a la Palabra de Dios para obtener éxito, aprobación o control, estás rindiendo culto en un altar ajeno.

4. ¿En qué vaga tu mente cuando no tienes nada más en qué pensar?

Nuestros pensamientos espontáneos son las ventanas del alma; revelan lo que verdaderamente atesoramos. El Señor Jesús lo resumió con una precisión quirúrgica: «Donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón» (Mateo 6:21).

Cuando vas conduciendo al trabajo, cuando estás haciendo las tareas del hogar o cuando no puedes conciliar el sueño a mitad de la noche, ¿hacia dónde vuela tu mente en su tiempo libre? ¿Se dedica a construir castillos de riqueza imaginarios, a ensayar discusiones para alimentar el orgullo, o a llenarse de ansiedad por el futuro?

El territorio que tu mente reclama cuando está libre suele ser el santuario de tu ídolo.

Una palabra de esperanza: El propósito de esta radiografía no es dejarnos sumidos en la culpa o la auto condenación. Ver la enfermedad es el primer paso indispensable para buscar la cura. La buena noticia del Evangelio es que no se nos pide vencer a los ídolos con mera fuerza de voluntad.

La única manera de desalojar a un falso dios del corazón es permitiendo que sea desplazado por la hermosura, el amor y la absoluta suficiencia de Jesucristo, el único que dio su vida por nosotros y el único que verdaderamente puede saciar el alma humana.