“Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.” — 2 Timoteo 1:7
¡Deja de vivir acobardado! Lo que Dios te dio no produce parálisis
Hoy en día vemos a muchísimos cristianos paralizados. Tienen miedo a todo: miedo al qué dirán, miedo al futuro, miedo a la crisis económica, miedo a predicar el Evangelio, miedo a tomar decisiones firmes en su hogar. Viven asustados, escondidos detrás de cuatro paredes en la iglesia, esperando que el mundo no los golpee tan fuerte.
Y lo peor de todo es que a esa cobardía a veces le ponen nombres religiosos para que suene bonito. Dicen: «No, es que yo soy prudente», «Es que estoy esperando el tiempo de Dios», “Por nada estoy afanado”. ¡No te engañes! Muchas veces no es prudencia, es puro y vulgar miedo.
El apóstol Pablo le escribe esta carta a Timoteo, un pastor joven que estaba enfrentando persecución, presiones en la iglesia y oposición fuerte. Pablo no le manda un té de manzanilla para los nervios ni una palmadita en la espalda. Le dice las cosas como son: El miedo no viene de Dios. Punto. Si estás viviendo una vida acobardada, achicada y temerosa, ese espíritu no te lo puso el Señor.
Primero: Dios te dio PODER (Dunamis)
La palabra que se usa aquí para poder es de donde viene la palabra dinamita. No se refiere a que salgas a creerte un superhéroe o a presumir que tienes «poderes». Se refiere a la capacidad espiritual que te da el Espíritu Santo para resistir la tentación, para hacer frente al pecado y para cumplir la misión que Dios te encomendó sin doblar las manos.
Muchos cristianos viven como si estuvieran derrotados antes de salir a pelear. Dicen: «Es que la tentación es muy fuerte, no puedo», «Es que mi carácter es así y no puedo cambiar». ¡Mentira! Si el Espíritu de Dios habita en ti, tienes la fuerza suficiente para decirle NO al pecado, para poner orden en tu vida y para levantarte cuando el diablo te quiera aplastar. El problema es que prefieres la comodidad de la cobardía antes que usar el poder que Dios ya te entregó.
Segundo: Dios te dio AMOR
Fíjate la combinación perfecta: Poder y Amor.
El poder sin amor vuelve a la gente dura, autoritaria, aplastante y religiosa. Hay creyentes que se creen muy «valientes» porque andan agarrando a bibliazos a todo el mundo, juzgando y peleando en redes sociales. Eso no es valor espiritual, eso es carne y soberbia.
El valor verdadero que viene de Dios opera por el amor. Es el amor de Dios en ti el que te hace vencer el temor al rechazo para ir a hablarle de Cristo a tu vecino, a tu compañero de trabajo o a tu familiar difícil. Cuando tú amas a Dios y amas a la gente, el miedo a «quedar mal» o a que se burlen de ti se deshace. Como dice la Escritura: «En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor» (1 Juan 4:18).
Tercerro: Dios te dio DOMINIO PROPIO (Mente sana)
El dominio propio significa, literalmente, tener una mente sobria, disciplinada y bajo control.
¿Sabes qué hace el miedo? Te destruye la mente. Te pone a pensar mil tragedias que ni han pasado: «¿Y si me enfermo?», «¿Y si me quedo sin trabajo?», «¿Y si a mi hijo le pasa algo?». El miedo te llena la cabeza de fantasmas y te vuelve inestable.
Tener dominio propio es agarrar tus pensamientos, tus emociones y tus impulsos por el cuello y someterlos a la verdad de la Palabra de Dios. Es decirle a tu mente: «A ver, corazón, ten calma. Dios está en el trono, Él tiene el control de mi vida y no voy a dejar que la ansiedad gobierne sino que Él gobierne mi vida».
Reflexión: Deja la excusa y camina como un hijo de Dios
Si el día de hoy estás atascado por el temor, la vergüenza o la inseguridad, necesitas pedirle perdón a Dios por dudar de Su presencia en tu vida.
Deja de actuar como si fueras un huérfano indefenso. Dios no te dio un espíritu de acobardamiento para que vivas en el temor constante; te dio un espíritu de poder, amor y dominio propio.
Párate firme, limpia tu mente de tanta basura y tanta negatividad, y empieza a confiar en el poder, el amor y la disciplina que Él ya puso en tu corazón.
«Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas.» — Josué 1:9



