“No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.” — Mateo 6:19-21
¿En qué banco tienes guardada tu vida?
En la sociedad actual, el valor de una persona suele medirse por su capacidad de acumular: cuántas propiedades tiene, qué marca de auto conduce, qué puesto ocupa o cuánto dinero tiene guardado en el banco. Nos han vendido la ilusión de que mientras más cosas poseamos, más seguros estamos.
Pero en el Sermon del Monte, el Señor Jesús desarma esa falsa seguridad con tres versículos contundentes. Él no nos dice que tener cosas sea malo en sí mismo, ni condena el trabajo o el ahorro responsable; lo que condena es la obsesión por acumular cosas terrenales como si fueran a durar para siempre.
La fragilidad de las riquezas terrenales
Jesús utiliza tres ejemplos muy claros de la vida cotidiana para mostrar lo absurdo que es poner nuestra confianza en lo terrenal: la polilla, el orín (óxido) y los ladrones.
En la antigüedad, la riqueza de una persona se medía por sus vestidos finos y sus metales preciosos. Pero Jesús nos recuerda lo frágil que es todo eso:
- La polilla se come la ropa más costosa.
- El óxido echa a perder los metales y las herramientas.
- Los ladrones abren un boquete en la pared y se lo llevan todo en una noche.
Hoy en día, las formas han cambiado, pero la realidad es la misma: una crisis económica te baja el saldo del banco a cero, una enfermedad te consume los ahorros de diez años en un mes, o una devaluación vuelve inútil tu dinero. Poner el corazón en lo material es como construir una casa sobre arena movediza.
La prueba del corazón
El versículo 21 contiene una verdad psicológica y espiritual inapelable: «Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón».
Fíjate en el orden que establece Jesús: no es que tu tesoro siga a tu corazón, sino que tu corazón sigue a tu tesoro.
- Si tu tesoro está en el dinero, tus pensamientos, tus desvelos, tus prioridades y tus emociones van a girar en torno al dinero.
- Si tu tesoro está en el estatus o en el qué dirán, vas a vivir esclavizado por la aprobación de la gente.
- Si tu tesoro está en Cristo, tu tiempo, tus recursos, tus metas y tus afectos van a estar alineados con el Reino de Dios.
Hacer tesoros en el cielo significa usar lo temporal para fines eternos: ser generosos con los necesitados, sostener la obra del Evangelio, servir a nuestro prójimo y vivir con las manos abiertas. Lo que das por amor a Dios es lo único que verdaderamente estás enviando por adelantado a la eternidad.
Reflexión: ¿Qué vas a dejar cuando te vayas?
Al final de nuestra carrera en este mundo, el ataúd no tiene bolsillos. Nadie se lleva sus títulos, sus autos ni sus cuentas bancarias. Lo único que va a importar es si invertimos nuestra vida en cosas que se pudren o en lo que permanece para siempre.
Pídele hoy al Señor que te libre del afán por acumular y que te dé la gracia de vivir con un corazón libre de la codicia, enfocado en las riquezas inagotables de Su gracia.
«Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contento; porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar.» — 1 Timoteo 6:6-7



