Brújula para el Alma Joven

Brújula para el Alma Joven (Tito 2:6-8)

El Reto de Vivir a Contracorriente 

En un mundo saturado de distracciones, muchos jóvenes cristianos se enfrentan al reto de vivir su fe sin perderse en la corriente actual, sintiendo la presión de mezclar las cosas de este mundo —como la música popular, las modas o el entretenimiento— con la búsqueda de la santidad. 

Muchos piensan que el “cristianismo bíblico” es aburrido, injusto y arcaico. Otros viven en secreto una doble vida, tienen la portada y la apariencia de piedad, aparentan ser creyentes consumados, dicen ¡gloria a Dios, Aleluya! Pero en el fondo están coqueteando con el pecado, que en la mayoría de las veces es el camino que cede a la tentación. 

Ahora, ¿qué es ser un joven cristiano según la Biblia? ¿Qué principios bíblicos debe adoptar y ejercitar el joven según la biblia?  

Veamos lo que dice Tito 2:6-8 (RVR 1960)  

“Exhorta asimismo a los jóvenes a que sean prudentes; presentándote tú en todo como ejemplo de buenas obras; en la enseñanza mostrando integridad, seriedad, palabra sana e irreprochable, de modo que el adversario se avergüence, y no tenga nada malo que decir de vosotros.”  

Pablo exhorta al joven pastor Tito a ser ejemplo de conducta íntegra para los jóvenes, le pide que los exhorte a vivir prudentemente, enseñándoles las escrituras sin filtros.  

Más adelante en el versículo 12 Pablo le recuerda la enseñanza mediante la gracia divina manifestada por Dios para la salvación… “enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente”  

Más que conceptos abstractos, Pablo nos ofrece en estos versículos una brújula práctica para navegar la vida moderna. Desgranemos estos términos para entender cómo aplicarlos hoy: 

  • Impiedad: Falta de reverencia o respeto hacia Dios y sus mandamientos; es vivir ajeno a Su voluntad. 
  • Deseos mundanos: Anhelos y apetitos centrados únicamente en el disfrute material, temporal o pecaminoso, que nos alejan de una vida consagrada. 
  • Sobriamente: Vivir con dominio propio, moderación y claridad mental, evitando excesos y el desenfreno. 
  • Justamente: Vivir con integridad y honradez, tratando a los demás con rectitud y conforme a los principios morales de Dios. 
  • Piadosamente: Vivir con devoción y temor reverente hacia Dios, buscando agradarle en todas nuestras acciones y pensamientos. 

Todo esto nos enseña que la Biblia anima a no dejar que otros menosprecien la juventud, sino a convertirse en modelo para los creyentes en palabra, conducta, amor, fe y pureza  

Esto nos lleva a una pregunta clave: ¿Es el cristianismo una renuncia a la libertad? Al contrario, la verdadera libertad no es hacer lo que queremos, sino tener el propósito de vivir como Dios diseñó. La libertad que ofrece el mundo es aparente y efímera; la que nos ofrece Dios es plena y eterna. Elegir a Dios no es perderse la vida, sino encontrar el propósito real de ella. 

La juventud es una etapa para alegrarse, pero cada acción debe tomar en cuenta que Dios juzgará y evaluará la vida de las personas. Y precisamente eso es lo que Dios nos advierte en su palabra, el mirar y evaluar nuestra conducta en contraste con Su palabra.  

Eclesiastés 11:9 nos habla al respecto diciendo “Diviértete, joven, ahora que estás lleno de vida; disfruta de lo bueno ahora que puedes. Déjate llevar por los impulsos de tu corazón y por todo lo que ves, pero recuerda que de todo ello Dios te pedirá cuentas.” (DHH)  

Ejemplos de cómo aplicar esta sabiduría bíblica en nuestro día a día: 

  • Participar en actividades sociales, deportes o pasatiempos saludables que permitan disfrutar de la compañía de amigos y colegas sin comprometer los valores cristianos. 
  • Utilizar el tiempo libre para aprender nuevas habilidades, servir en la comunidad o desarrollar talentos, viendo cada aspecto de la vida como una oportunidad para honrar a Dios. 
  • Navegar las redes sociales y el entretenimiento siendo selectivos con el contenido, buscando aquello que edifique y no que corrompa, manteniendo siempre la integridad y el testimonio. 

Creo sin temor a equivocarme que lo que Dios nos quiere enseñar es a mantener un equilibrio sano, prudente y sensato de los impulsos de nuestro corazón cuando estamos en esa etapa de nuestra vida. A reconocer que todo me es lícito, más que todo no me conviene (1 Corintios 10:23) y que el pecado tiene sus consecuencias (Isaías 59:1-2).  

Para concluir, la palabra de Dios nos exhorta a ser ejemplo para los demás modelando una conducta piadosa, a cuidar nuestro andar viviendo bajo los principios bíblicos, a vivir con sensatez rechazando las pasiones desenfrenadas, a disfrutar de la juventud, pero siempre tomando en cuenta a Dios y a buscar la santidad de manera disciplinada.  

Recuerda, cuando sientas esos impulsos que sabes no te llevarán por buen camino, ora y entrégaselos al Señor… El te mostrará el camino que debes seguir.