Efesios 5:15-17

La economía del tiempo (Efesios 5:15-17)

“Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor.”Efesios 5:15-17

Existe una diferencia abismal entre urgencia e importancia, aunque nuestro mundo moderno insista en mezclarlas. Vivimos en la era de la prisa crónica. Corremos de una reunión a otra, respondemos mensajes al instante y devoramos información a una velocidad vertiginosa. Sin embargo, estar constantemente ocupados no es sinónimo de vivir sabiamente. Se puede tener la agenda llena y el alma completamente vacía.

El apóstol Pablo, escribiendo desde la prisión en Roma a los creyentes en Éfeso, les hace una advertencia que resuena con una fuerza cortante en nuestros días: «Mirad, pues, con diligencia cómo andéis».

La palabra «diligencia» en el griego original transmite la idea de examinar con precisión quirúrgica, de mirar por dónde se camina para no tropezar. Pablo nos está llamando a ser inspectores minuciosos de nuestra propia vida.

Dos maneras de caminar: Necedad o Sabiduría

El texto nos presenta dos estilos de vida mutuamente excluyentes: el del necio y el del sabio. El necio, en términos bíblicos, no es alguien que carece de capacidad intelectual, sino alguien que vive ignorando la eternidad. Es el hombre del que nos habla el Salmo 90:12 cuando clama: «Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría».

El necio asume que el tiempo es un recurso infinito y lo derrocha en la periferia de la vida, olvidando que nuestros días son como una neblina que aparece por un poco de tiempo y luego se desvanece (Santiago 4:14).

El sabio, en cambio, entiende la economía del tiempo. Pablo utiliza una expresión extraordinaria: «aprovechando bien el tiempo». En el original, la palabra es “exagorazo”, un término comercial que significa «redimir» o «comprar de vuelta». Es la imagen de un comerciante astuto que ve una oportunidad única en el mercado y la adquiere antes de que se pierda.

¿Por qué debemos comprar el tiempo? El apóstol nos da la razón: «porque los días son malos». No nos encontramos en un terreno neutral. Vivimos en un mundo caído que ejerce una gravedad constante hacia la distracción, la apatía espiritual y la vanidad.

Si no gobiernas tu tiempo con intención sagrada, la corriente de este mundo lo gobernará por ti, arrastrándote hacia la intrascendencia.

El antídoto contra la insensatez

En el versículo 17, Pablo nos ofrece la brújula para no perdernos en el activismo estéril: «Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor».

Redimir el tiempo no consiste en dominar técnicas modernas de productividad para hacer más cosas en menos tiempo; consiste en hacer las cosas correctas. Consiste en alinear nuestra agenda diaria con los eternos propósitos de Dios.

Como bien nos recuerda Salomón en Eclesiastés 3:1: «Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora». El peligro no es solo hacer lo malo, sino desplazar lo eterno por lo meramente urgente.

Cuando un cristiano entiende la voluntad del Señor, sus prioridades cambian:

  • El tiempo a solas en la Palabra y la oración deja de ser un deber rutinario y se convierte en el ancla del día.
  • La edificación de la familia y el servicio a la iglesia local dejan de ser opciones secundarias y pasan a ser inversiones eternas.
  • El trabajo diario se transforma en una plataforma de adoración y testimonio, obedeciendo el principio de Colosenses 3:23: «Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres».

Una reflexión para el examen: Al final de nuestra jornada terrenal, ninguno de nosotros desearía haber pasado más horas en la oficina o haber acumulado más entretenimiento.

Lo que importará será cómo administramos el depósito sagrado del tiempo que Dios nos confió. No desperdicies tu vida en lo que perece. Pídele al Señor la gracia de redimir cada hora, sabiendo que el mañana no nos pertenece y que cada minuto invertido en Su reino permanece para siempre.