el auto engaño - Hechos 5

El peligro de aparentar santidad (Hechos 5)

“Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y retuvieses del precio de la heredad? […] No has mentido a los hombres, sino a Dios.”Hechos 5:3-4

Dios no busca fotocopias religiosas, busca corazones transparentes

Hay una gran diferencia entre tener debilidades y ser un hipócrita. Todos los cristianos luchamos diariamente con nuestras fallas, pero cuando usamos la religión como una máscara para construir una reputación falsa frente a los demás, hemos entrado en un terreno sumamente peligroso.

En Hechos 5 encontramos una de las historias más solemnes y confrontantes de toda la Biblia. La iglesia primitiva estaba creciendo con poder. La gente vendía voluntariamente sus propiedades para ayudar a los necesitados. Nadie los obligaba; lo hacían por amor genuino.

Pero Ananías y Safira vieron el aplauso que recibían los generosos y quisieron la misma reputación pero… sin estar dispuestos a pagar el mismo precio. Vendieron un terreno, se quedaron con una parte del dinero en secreto, y llevaron el resto a los apóstoles aparentando que lo estaban entregando todo.

La trampa de actuar para la audiencia equivocada

El problema de Ananías y Safira no fue haberse quedado con parte del dinero. El propio Pedro se los dijo: “Reteniéndola, ¿no te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder?”. Ellos eran libres de dar el porcentaje que quisieran.

Su pecado fue el autoengaño y la mentira calculada. Querían que la iglesia los viera como «súper espirituales», «radicales» y «sacrificados», cuando en realidad su corazón estaba dominado por la avaricia y el deseo de aprobación humana.

¿Cuántas veces caemos en la misma trampa hoy?

  • Decimos «amén» a cosas que no practicamos en privado.
  • Proyectamos una vida familiar o matrimonial perfecta en la iglesia o en redes sociales, mientras en casa hay amargura, gritos o engaño.
  • Oramos con lenguaje elocuente ante los demás, pero pasamos semanas sin buscar a Dios en lo secreto.

Se nos olvida que Dios no se deja impresionar por la escenografía que montamos. Él no mira la cara, Él mira el corazón.

El verdadero temor de Dios produce libertad

El juicio sobre Ananías y Safira fue drástico e inmediato. Ambos cayeron muertos al instante. El versículo 11 dice: «Y vino un gran temor sobre toda la iglesia, y sobre todos los que oyeron estas cosas».

Nos hemos acostumbrado a un «dios» de bolsillo, un Dios amoldado a nuestros caprichos al que creemos que podemos engañar.

Pero el Dios de la Biblia es Santo. El verdadero temor de Dios no es un miedo neurótico que te paraliza; es un respeto profundo y una reverencia tal que te hace aborrecer la mentira y la doble vida.

Al final del capítulo 5, vemos la otra cara de la moneda: los apóstoles son azotados y amenazados por predicar a Cristo. ¿Y qué hacen? Salen del concilio gozosos de haber sido tenidos por dignos de padecer por el Nombre, y no cesaban de enseñar y predicar a Jesucristo todos los días.

¡Qué contraste tan enorme! Ananías y Safira buscaban la gloria de los hombres a través del engaño. Los apóstoles buscaban la gloria de Dios a costa de su propia sangre.

Reflexión: Quítate la máscara

No gastes tu energía tratando de impresionar a la gente de la iglesia o a tus amigos. Dios conoce exactamente tus luchas, tus caídas y tus pensamientos en privado. Él no busca gente perfecta que aparente no romper un plato; busca gente honesta que reconozca su necesidad de gracia.

Pídele hoy al Señor que limpie tu vida de toda levadura de hipocresía, y decide caminar en la luz, con transparencia y verdad delante del Dios que todo lo ve.«El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia.»Proverbios 28:13