“Alzaré mis ojos a los montes; ¿de dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra. No dará tu pie al resbaladero, ni se dormirá el que te guarda. He aquí, no se adormecerá ni dormirá el que guarda a Israel…” — Salmo 121:1-4
¡Deja de buscar padrinos y mira al que hizo el cielo y la tierra!
Hay una maña muy común entre nosotros los seres humanos: cuando nos metemos en un problema o las cosas se ponen difíciles, lo primero que hacemos es buscar «padrinos». Buscamos a ver qué familiar tiene dinero que me pueda prestar, qué «amigo» metido en la política nos puede dar una ayudita, o qué tarjeta de crédito nos saca del apuro. Nos encanta tener «palancas» en la tierra.
El salmista empieza este pasaje haciéndose la misma pregunta que tú y yo nos hacemos cuando la crisis aprieta: “¿De dónde vendrá mi socorro?”.
En aquellos tiempos, los paganos ponían sus altares y sus ídolos en las cumbres de los cerros (los llamados «lugares altos»). Cuando venía la guerra o la sequía, la gente volteaba a ver los montes esperando que sus falsos dioses les respondieran. Pero el salmista reacciona de golpe y se responde a sí mismo con una claridad tremenda en el versículo 2: «Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra».
¡Entiende esto! Tu ayuda no va a venir del gobierno, ni del banco, ni de tus fuerzas, ni de la suerte. Tu ayuda viene del Dios que diseñó el universo. ¿Para qué andas mendigando ayuda a las criaturas cuando tienes al Creador de tu lado?
I. Dios no es un vigilante cansado ni un amuleto de buena suerte
A veces los cristianos tratamos a Dios como si fuera un guardia de seguridad nocturno que se puede quedar dormido en la caseta. Creemos que cuando nos pasa una prueba o una dificultad, es porque Dios «estaba despistado» o viendo para otro lado.
Pero el texto es repetitivo a propósito: «No se dormirá el que te guarda… He aquí, no se adormecerá ni dormirá el que guarda a Israel». ¡¡Es una afirmación!!
Los dioses de la religión humana necesitan que los despierten, que les lleven veladoras, que les hagan mandas. El Dios de la Biblia no descansa, no se toma vacaciones, no pestañea. El que sostiene las galaxias está al pendiente de cada paso que das.
El problema es que queremos que Dios nos «guarde» a nuestro modo. Queremos que nos guarde en una burbuja de cristal donde nunca nos dé el aire, donde no haya problemas financieros ni enfermedades. Pero el salmista no dice que no vas a caminar por el desierto; lo que dice es que no dará tu pie al resbaladero. Dios no te promete una vida sin tormentas, te promete que en medio de la tormenta Él no va a permitir que te destruyas.
II. El Señor es tu sombra, no tu criado
El versículo 5 dice: «Jehová es tu guardador; Jehová es tu sombra a tu mano derecha».
Fíjate bien en la figura: la sombra no se separa del cuerpo. Camina con él. Si te mueves bajo el sol del mediodía, la sombra está ahí pegada para cubrirte. Pero para que la sombra te cubra, tienes que estar caminando cerca de la fuente.
Hay gente que quiere la protección de Dios, pero vive a kilómetros de Él. Quieren que Dios sea su guardia privado cuando tienen un problema, pero durante la semana viven como les da la gana, metidos en el pecado, en la mentira, en el materialismo. Y cuando les cae la noche, se asustan y se preguntan: «¿Por qué Dios no me guardó?». ¡Hermano, tú te saliste de la cobertura!
El Salmo termina con una promesa contundente en el versículo 8: «Jehová guardará tu salida y tu entrada desde ahora y para siempre».
Esto cubre toda tu vida. Cubre cuando sales a trabajar en la mañana y cuando regresas cansado en la noche. Cubre tus proyectos, tu familia y tu salud. Pero esta promesa es para los que han puesto su fe completa en Cristo, no para los que juegan a la iglesia los domingos y viven como ateos el resto de la semana.
¿En quién está puesta tu confianza hoy?
Suelta de una vez los apoyos humanos. Deja de estar haciendo números en la cabeza tratando de resolver con tu carne lo que solo Dios puede sostener con Su poder.
Si estás pasando por un momento oscuro, no te desesperes ni busques salidas falsas en el mundo. Levanta la cara, acuérdate de quién es tu Dios y camina con la certeza de que el Custodio de tu vida ni se duerme, ni se cansa, ni te va a dejar tirado.
«Torre fuerte es el nombre de Jehová; a él correrá el justo, y será levantado.» — Proverbios 18:10



