1 Pedro 4:7-8

Se acaba el tiempo(1 Pedro 4:7-8)

“El fin de todas las cosas se acerca; sed, pues, sobrios, y velad en oración. Y ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados.”1 Pedro 4:7-8

Se acerca el final: Déjate de religiosidades y aprende a amar

A muchos cristianos les encanta hablar del «fin de los tiempos». Se compran libros, ven videos en internet de dos horas, hacen mapas proféticos y se la pasan especulando si el chip, si la vacuna, si el Anticristo ya nació, etc. Pero el apóstol Pedro no escribió este pasaje para que nos pusiéramos a adivinar fechas ni para que nos volviéramos locos con teorías de conspiración.

Pedro nos da un baño de realidad. Nos dice: “El fin de todas las cosas se acerca”. ¿Y cuál es la consecuencia práctica de esa verdad? ¿Irnos a una montaña a esperar la venida del Señor? ¿Volvernos ermitaños? No. Pedro nos aterriza inmediatamente a la vida real y nos da dos órdenes muy claritas: mantén la cabeza fría para orar y aprende a amar de verdad a tus hermanos.

1. Deja la embriaguez espiritual y sé sobrio

Lo primero que dice el texto es: «Sed, pues, sobrios, y velad en oración».

Estar «ebrio» no es solo tomarse un montón de cervezas un fin de semana. En la Biblia, la borrachera espiritual ocurre cuando la mente de una persona está atontada por la filosofía de este mundo, por las distracciones, por el materialismo o por el chisme. Un borracho no ve las cosas como son; ve borroso, pierde el equilibrio y reacciona mal.

Hoy en día hay muchos creyentes «ebrios» en las iglesias. Están emborrachados con el entretenimiento, con el teléfono, con el afán de hacer dinero o con contiendas tontas en redes sociales. Y cuando quieres orar, ¡no puedes! Tu mente está tan llena de basura que tus oraciones no pasan del techo. Pides puras cosas egoístas porque perdiste la sobriedad.

Pedro nos dice: “¡Despierta! Ten la mente despejada”. La oración de un cristiano que sabe que el tiempo se acaba no es una lista de reyes magos para pedir caprichos; es la búsqueda desesperada de la voluntad de Dios para no caer en la tentación.

2. El amor no es un sentimiento de telenovela, es compromiso

Luego Pedro suelta el mandamiento principal para los últimos tiempos: «Y ante todo, tened entre vosotros ferviente amor».

Fíjate en las palabras: «ante todo». Por encima de tus dones espirituales, por encima de cuánta Biblia te sepas de memoria, por encima de qué tan bonito cantes en el grupo de alabanza… ante todo, ámense.

Y no habla de un amor «bonito» de dientes para afuera. La palabra «ferviente» en el original viene del lenguaje de los atletas y describe un músculo que se estira hasta el límite. O sea, un amor que cuesta, un amor que duele, un amor que no se rinde cuando el otro te cae mal o te hace una mala jugada.

Porque seamos sinceros: amar a los que te caen bien y a los que te tratan bonito lo hace cualquiera, hasta el que no conoce a Dios. Lo difícil es amar al hermano terco de la iglesia, al que es imprudente, al que tiene un carácter pesado.

Por eso el texto remata con una frase tremenda: «porque el amor cubrirá multitud de pecados».

Ojo con esto, porque aquí hay mucha confusión. El amor no «tapa» el pecado en el sentido de volverse cómplice de la injusticia o hacerse la vista gorda con la maldad. «Cubrir el pecado» significa que el amor no es chismoso, no es rencoroso y no anda ventilando las miserias de los demás.

El diablo es el acusador de los hermanos; él se goza exponiendo la vergüenza de los demás. Pero el amor de Cristo pasa por alto las ofensas personales, perdona, restaura y protege al hermano en lugar de destruirlo con la lengua.

¿En qué estás gastando tus últimos cartuchos?

Si tú supieras que te queda un mes de vida, no perderías el tiempo en pleitos tontos con tu cónyuge, ni guardándole rencor a un hermano de la iglesia, ni viendo basura en pantallas. Tratarías de aprovechar cada día en lo que verdaderamente importa. ¿No?

Bueno, la Palabra de Dios te dice hoy que el reloj está corriendo y la historia de este mundo se va a terminar. Déjate de religiosidades superficiales. Es tiempo de limpiar la mente, ponerse a orar en serio y empezar a ejercitar un amor práctico, sufrido y perdonador con la gente que Dios puso a tu lado.

«En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.»Juan 13:35